sábado, 16 de agosto de 2008

Una primera gran aventura

A pesar de que toda la vida quise ser un chico, nunca me quede con las ganas de hacer las cosas que ellos hacen. Durante mi infancia trepe arboles, jugué al futbol y me rodee de otros chicos (eso no quita que tenga mi lado femenino, el cual se manifiesta en mi cuerpo). Sin embargo nunca tuve la oportunidad de subirme a una montaña rusa y conocer un parque de diversiones.
Hoy fue la primera vez que experimente subirme a una de esas. Nunca me llamaron la atención ya que tanta protección no me hacía sentir libre, pero estaba equivocada. Fue un día totalmente aprovechable, a pesar de que hayamos llegado a las tres de la tarde. Subimos a cada una de las atracciones que nos ofrecía el parque, y más de una vez a las más divertidas.

A pesar de que entiendo que algunas personas tengan vértigo o algún tipo de temor a aquellos juegos, no logro comprender a aquellos que se suben a la montaña rusa y lo primero que hacen es cerrar los ojos. Lo veo como algo sin sentido ni explicación lógica. ¿La inercia luego de la caída quizás? No lo sé. Pero estar ahí, a varios metros del piso en un carrito de metal y que a gran velocidad éste te suelte me parece que es algo muy excitante como para en ese momento cerrar los ojos y perderte de la sensación que eso produce. Igualmente esas personas no influyen en mí y en mi capacidad de divertirme en todos lados.

En lugares así, donde las grandes atracciones son los enormes juegos que dan vueltas a gran velocidad y te ponen de cabeza, te hacen darte cuenta que los juegos simples y estúpidos son muchísimo más divertidos. Cosas como el zamba, una siempre ruega gigante que pasa música con gente sentada adentro y da vueltas, hace que te rías muchísimo más que una vuelta que te deja sin aire de tanto gritar o sin odio de escuchar los gritos del que se sentó al lado tuyo.

A pesar de todo, fue una buena experiencia, que no sé si me gustaría repetir muy pronto pero si alguna vez. El hecho de compartirlo con tus amigas es diferente y le da un toque de magia que hace que siempre sea divertido; el hecho de estar gritándole a un chico la palabra “Ema” solo porque nos hacia acordar de alguien, hace que te diviertas el doble; y el hecho de ser la gran atracción de todos los juegos porque siempre somos las que le ponemos onda a todo hace que te día sea totalmente perfecto.

1 comentario:

Paula dijo...

yoo no quiero decir nadaa, pero eso de que el que se sento al lado tuyo te dejo sin oidos, fue un palo para la tia :p jajaja