Que palabra complicada de explicar. La confianza es algo que no se da muy seguido. Es una sensación que te hace sentir otra persona, que hace que te atrevas a contarle cosas que quizás nadie más sepa. Sin embargo algo te hizo sentir esa persona para que se convierta en la indicada de saber un secreto muy preciado. Más de una vez, nos damos cuenta que nuestro entorno no está capacitado para entender alguna de las cosas que nosotros creemos y por eso no somos capaces de compartirlo con ellos.
Y así empieza todo, con un pequeño secreto que ocultamos, la confianza se empieza a perder hasta llegar el punto de darnos cuenta que no podemos confiar en nadie en ese momento. Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Nos transformamos en autistas, sin hablar con nadie porque no confiamos en lo que esa persona sea capaz de retener y no contar? Tal vez es llevado a un extremo, pero siempre se da el caso de que hay algo que no le podemos contar a nadie porque sabemos que nadie nos va a entender. Y aunque así sea, nos autoconvencemos de que siempre algo queda dando vuelta en la cabeza de aquella persona.
Tampoco podemos ser tan paranoicos de pensar que no podemos confiar en nadie, de que el mundo está lleno de paparazis que quieren divulgar nuestras vidas. No creo que alguien sean tan importante como para que todos querramos saber de sus vidas sin nada a cambio. No somos estrellas de cine, de las cuales el mundo quiere saber día y noche, desde que va al baño por las mañanas hasta que se duerme por las noches. Somos personas comunes que necesitamos el mero apoyo de alguien. Y aunque creamos que no, siempre tenemos alguien en quien confiar.
Pero la desconfianza nace de otro lado. No solo por el hecho de que creamos que alguien no puede entendernos quiere decir que desconfiemos o que no tenemos confianza (términos que creo que son muy diferentes entre sí). La desconfianza llega cuando por fin te animaste a contarle algo a una persona que luego va y se lo cuenta a sus amigos, y así la bola de nieve empieza a crecer y no hay quien la pare. Bola que se va deformando ya que cada persona agrega su versión personal a la historia contada por vos hacia tu persona de confianza.
Nunca falta quien no comprende que si vos confiás en él o ella es porque es importante para vos y que eso implica que sea una tumba, que la información no salga de su memoria temporal. Pero bueno, eso es parte de la vida y es lo que te enseña en quien confiar y en quién no.
Así es como la confianza es algo más complicado de lo que parece o de lo que la gente cree que es. Mil preguntas salen de una sola palabra y a su vez más de una explicación y teoría.
lunes, 18 de agosto de 2008
sábado, 16 de agosto de 2008
Una primera gran aventura
A pesar de que toda la vida quise ser un chico, nunca me quede con las ganas de hacer las cosas que ellos hacen. Durante mi infancia trepe arboles, jugué al futbol y me rodee de otros chicos (eso no quita que tenga mi lado femenino, el cual se manifiesta en mi cuerpo). Sin embargo nunca tuve la oportunidad de subirme a una montaña rusa y conocer un parque de diversiones.
Hoy fue la primera vez que experimente subirme a una de esas. Nunca me llamaron la atención ya que tanta protección no me hacía sentir libre, pero estaba equivocada. Fue un día totalmente aprovechable, a pesar de que hayamos llegado a las tres de la tarde. Subimos a cada una de las atracciones que nos ofrecía el parque, y más de una vez a las más divertidas.
A pesar de que entiendo que algunas personas tengan vértigo o algún tipo de temor a aquellos juegos, no logro comprender a aquellos que se suben a la montaña rusa y lo primero que hacen es cerrar los ojos. Lo veo como algo sin sentido ni explicación lógica. ¿La inercia luego de la caída quizás? No lo sé. Pero estar ahí, a varios metros del piso en un carrito de metal y que a gran velocidad éste te suelte me parece que es algo muy excitante como para en ese momento cerrar los ojos y perderte de la sensación que eso produce. Igualmente esas personas no influyen en mí y en mi capacidad de divertirme en todos lados.
En lugares así, donde las grandes atracciones son los enormes juegos que dan vueltas a gran velocidad y te ponen de cabeza, te hacen darte cuenta que los juegos simples y estúpidos son muchísimo más divertidos. Cosas como el zamba, una siempre ruega gigante que pasa música con gente sentada adentro y da vueltas, hace que te rías muchísimo más que una vuelta que te deja sin aire de tanto gritar o sin odio de escuchar los gritos del que se sentó al lado tuyo.
A pesar de todo, fue una buena experiencia, que no sé si me gustaría repetir muy pronto pero si alguna vez. El hecho de compartirlo con tus amigas es diferente y le da un toque de magia que hace que siempre sea divertido; el hecho de estar gritándole a un chico la palabra “Ema” solo porque nos hacia acordar de alguien, hace que te diviertas el doble; y el hecho de ser la gran atracción de todos los juegos porque siempre somos las que le ponemos onda a todo hace que te día sea totalmente perfecto.
Hoy fue la primera vez que experimente subirme a una de esas. Nunca me llamaron la atención ya que tanta protección no me hacía sentir libre, pero estaba equivocada. Fue un día totalmente aprovechable, a pesar de que hayamos llegado a las tres de la tarde. Subimos a cada una de las atracciones que nos ofrecía el parque, y más de una vez a las más divertidas.
A pesar de que entiendo que algunas personas tengan vértigo o algún tipo de temor a aquellos juegos, no logro comprender a aquellos que se suben a la montaña rusa y lo primero que hacen es cerrar los ojos. Lo veo como algo sin sentido ni explicación lógica. ¿La inercia luego de la caída quizás? No lo sé. Pero estar ahí, a varios metros del piso en un carrito de metal y que a gran velocidad éste te suelte me parece que es algo muy excitante como para en ese momento cerrar los ojos y perderte de la sensación que eso produce. Igualmente esas personas no influyen en mí y en mi capacidad de divertirme en todos lados.
En lugares así, donde las grandes atracciones son los enormes juegos que dan vueltas a gran velocidad y te ponen de cabeza, te hacen darte cuenta que los juegos simples y estúpidos son muchísimo más divertidos. Cosas como el zamba, una siempre ruega gigante que pasa música con gente sentada adentro y da vueltas, hace que te rías muchísimo más que una vuelta que te deja sin aire de tanto gritar o sin odio de escuchar los gritos del que se sentó al lado tuyo.
A pesar de todo, fue una buena experiencia, que no sé si me gustaría repetir muy pronto pero si alguna vez. El hecho de compartirlo con tus amigas es diferente y le da un toque de magia que hace que siempre sea divertido; el hecho de estar gritándole a un chico la palabra “Ema” solo porque nos hacia acordar de alguien, hace que te diviertas el doble; y el hecho de ser la gran atracción de todos los juegos porque siempre somos las que le ponemos onda a todo hace que te día sea totalmente perfecto.
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